El Blog de Nanos

¿Cómo evitar el fracaso escolar? Cuatro claves para enseñar a estudiar a los niños

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Tan importante como estudiar es aprender a hacerlo de la forma adecuada, y ésta es a veces una de las asignaturas pendientes para muchos niños. El éxito o fracaso puede no depender tanto de las capacidades de cada uno como de factores como la falta de concentración o de interés, muchas veces relacionados con la ausencia de técnicas y hábitos adquiridos para enfrentarse a un contenido e interiorizarlo.

¿Cómo podemos ayudar a los más pequeños a aplicarse a fondo y a optimizar el tiempo que pasan delante del libro? Hoy en El Blog de Nanos os dejamos cinco claves que pueden ser de gran ayuda para los padres.

1. El estudio como hábito

Es positivo que estudiar no sea una actividad esporádica, que el niño no lo deje todo para el último minuto y que se planifique el tiempo que debe dedicarle cada semana (y cada día) a sus deberes escolares. Ello favorece la concentración y la comprensión: al existir una rutina de estudio, tendrá esta obligación y el uso de sus herramientas más interiorizadas, y perderá menos el tiempo.

Por ejemplo, se puede crear con el niño un calendario de deberes, de forma que sus obligaciones se repartan equitativamente. Según los educadores, de los 7 a los 12 años es bueno dedicar a estudiar entre una y dos horas al día entre semana, y esta cifra aumentará en una hora al día de los 13 a los 18.

En cualquier caso, cuanta más autonomía tenga el niño a la hora de administrarse, mejor. Al fin y al cabo, debe ser consciente de que se trata de un deber que le beneficia y de que conocer el entorno en el que vive entra en su esfera de necesidades para desarrollarse como persona.

2. Un espacio adecuado

Tan importante como la voluntad del niño es el espacio de que disponga para estudiar. Un escritorio con espacio suficiente y sus materiales didácticos a mano, un entorno tranquilo y silencioso, una iluminación apropiada, una silla cómoda que evite posturas incómodas y perjudiciales… Distracciones como la televisión o la radio deben quedar lejos del alcance del niño.

Tal y como resaltamos en este post, es bueno que el niño cuente con su propio espacio de lectura y que vaya poco a poco creando su biblioteca personal. Ofrecerle textos y libros sobre aquellos temas que más le interesen ayudará a que el pequeño tenga claro que no tiene por qué limitarse al temario que marca la escuela, e impulsará su autonomía y su seguridad. También le permitirá adoptar una postura más crítica en torno a lo que se le enseña y buscar sus propias herramientas de aprendizaje.

3. Todo está en la técnica

Cada persona es un mundo y, a través de nuestra experiencia, aprendemos a diseñar nuestros propios métodos de estudio para optimizar el tiempo que le dedicamos. Hay quien necesita realizar esquemas y resúmenes, pero también quienes se enfrentan directamente a un libro sin necesidad de apoyos y consiguen interiorizarlo sin más ayuda.

Lo importante es que el niño conozca y domine todo el abanico de opciones para que luego pueda utilizarlas según le convenga: tomar apuntes sirve como tarea de síntesis y ayuda a comprender el contenido y a fijar los detalles menos fáciles de razonar; una lectura comprensiva permite llevarse una visión global del tema de que se trate, siempre aclarando todas las dudas que surjan al respecto; subrayar sirve a muchos para sintetizar ideas y es de gran ayuda para quienes recurren a la memoria fotográfica; los mapas conceptuales impulsan la visualización del conjunto del temario y permiten procesarlo y memorizarlo mejor…

Para otros, recitar de memoria o contar el temario a otra persona se convierte en la mejor herramienta. La realización de resúmenes, por otro lado, resulta clave para desarrollar la capacidad de síntesis, que probablemente será muy necesaria de cara a un examen.

4. Tener en cuenta el tipo de examen

Aunque no siempre ocurre así, para muchas personas la forma de estudiar varía enormemente en función del tipo de examen al que se enfrenten. No es lo mismo un ‘tipo test’ en el que marcar la opción correcta (que en ciertos casos puede beneficiar al alumno que ha comprendido el texto pero que puede no haberlo memorizado lo suficiente) que un examen tipo ensayo en el que se valore la capacidad del alumno no sólo de exponer el tema, sino de ser crítico ante él y ponerlo en relación con el resto de sus conocimientos. Los más temidos suelen ser los exámenes orales, por riesgo añadido de ‘quedarse en blanco’.

En cualquier caso, si no se deja el estudio para última hora y si se manejan las distintas técnicas, lo normal es que el niño tenga las herramientas necesarias para adaptarse al formato que le indique el profesor. El examen debe ser, en definitiva, sólo una prueba de que se ha adquirido el conocimiento, pero no el objetivo principal del estudio. Aprender por el gusto de aprender funciona casi siempre como garantía de éxito, y permitirá que el niño deje de limitarse al temario e intente profundizar en los temas que más le interesen.

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