El Blog de Nanos

5 maneras de potenciar la creatividad de los niños a través del juego

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La creatividad es una de las cualidades que más pueden ayudar al pequeño a desenvolverse libremente en el mundo: estimula su capacidad para diseñar su entorno y malearlo, le hace ganar seguridad en sí mismo y se convierte en una herramienta fundamental para adaptarse al cambio y buscar soluciones en momentos clave en los que se enfrente a alguna dificultad. Ser creativo significa, en muchos casos, ser más adaptable y, con ello, tal vez logremos que nuestro hijo esté más cerca de una vida plena y feliz, en la que ningún contratiempo se convierta en un obstáculo insuperable.

Los primeros pasos del desarrollo son, afortunadamente, menos complicados: para el niño, la creatividad consiste en una forma de mirar el mundo de forma libre, sin ataduras ni tabúes y, muchas veces, sin pautas de interpretación aprendidas. En definitiva, se trata de mirar el mundo entendiendo que es posible todo lo que se imagine. En este sentido, el proceso creativo es casi más importante que el producto terminado. Los niños se lo pasan en grande cuando pueden expresarse y crear libremente, esforzándose por dar a luz algo propio, fruto de su mirada y su trabajo.

El resultado es la creación de caminos y fórmulas propias de expresión y de creación, aprendiendo a aceptarse y conocerse a sí mismos, a enfrentarse a sus sentimientos, y alimentando su autoconocimiento y autoestima. Por todo ello, hoy en El Blog de Nanos hacemos hincapié en la importancia de fomentar este aspecto y os dejamos cinco claves para ayudar a que vuestros hijos saquen todo el partido del mundo a lo que su imaginación puede hacerles crear.

  1. Busca actividades que tengan que ver con sus intereses e ideas

Es una buena forma de allanar el camino. Si tu hijo es bueno con la acuarela, fomenta el uso de técnicas o herramientas similares (por ejemplo, otro tipo de instrumentos de dibujo, soportes..,), enséñale otro tipo de trazos, utiliza la música como fuente de inspiración… En definitiva, ayúdale a que aprenda el camino de la creatividad de forma intuitiva a través de lo que más le gusta para que luego pueda extrapolar ese proceso mental a cualquier otra actividad. Dedícale el tiempo suficiente como para ayudarle en esta tarea, y busca aquellos elementos que tengan que ver con sus hobbies para ir abriendo puertas poco a poco. ¡Tal vez (probablemente) este tiempo en familia sea igual o más beneficioso para ti!

  1. Escucha a tu hijo y jamás menosprecies su visión

Puede parecer muy básico, pero muchas veces los más pequeños abandonan su lado más emocional y sensible por falta de apoyo y comprensión. Para evitar que la racionalidad gane la batalla por completo, anima a tus hijos a que te expliquen el por qué de sus creaciones (sean del tipo que sean) y alábalas, resaltando los aspectos que para ti resulten más positivos. Estas pautas son de gran ayuda a la hora de que generen confianza en sí mismos y en sus capacidades. No olvides que, por ejemplo, por muchas ‘tonterías’ que se digan en un brain storming, de ellos salen las ideas más brillantes, precisamente porque nadie ha puesto un filtro juzgador que corte las alas a la imaginación.

  1. ¡Viva la multiculturalidad!

Si hay una cosa positiva de la globalización, ésta es sin duda la cercanía a otras culturas y la posibilidad de explorar otras costumbres y rituales. Cuanto más conozcamos a quienes menos se nos parecen, más aprenderemos a relativizar nuestras pautas y a comprender que nada está establecido en realidad, y más instrumentos y conocimientos tendrán los más pequeños para jugar y abrir su mente. Las actividades multiétnicas son muy positivas a la hora de desarrollar personas con mentalidad abierta y capacidad de adaptación.

  1. Libertad de decisión

Tan importante como dejar a los niños que nos cuenten libremente lo que han creado es animarles a tomar sus propias decisiones durante el proceso creativo. Está bien servir como guía, como punto de apoyo y como persona a la que acudir cuando exista alguna duda o conflicto. Pero hay que tener cuidado en no interferir en el proceso creativo, dejando al niño que llegue a crear su camino de forma autónoma, a su gusto y antojo. Recuerda que no se trata tanto del resultado como de aprender a construir ese puente hacia la libre expresión: dales todas las oportunidades del mundo a la hora de experimentar y explorar materiales, y evita el “esto no se hace así”. La independencia y el control son componentes importantes en este proceso.

  1. Un material para cualquier cosa

Olvídate de la función básica de cada objeto que te rodea e intenta que tu hijo aprenda a utilizarlos para un fin completamente distinto. Cuando un niño utiliza un material familiar de nuevas maneras o de forma poco usual suele pasárselo pipa. ¿Por qué? Pues porque con ello abre una puerta a posibilidades infinitas, rompiendo esas reglas preestablecidas que rodean al comportamiento humano. Otra idea muy en la línea de la anterior es jugar a interpretar papeles, o ayudarles a diseñar juegos imaginativos por su cuenta. Es mejor, en general, evitar los juguetes en los que todas las instrucciones están perfectamente claras. Un niño puede aprender mucho más de un puñado de bloques de colores que del juego más sofisticado, al menos en lo que a creatividad se refiere.

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