El Blog de Nanos

¿Qué es la socialización y cómo se desarrolla en la familia?

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Hoy en El Blog de Nanos volvemos a poner el foco en la educación de los más pequeños, y lo hacemos abordando un tema clásico: la socialización en el marco de la familia. ¿En qué consiste y hasta qué punto influimos en la capacidad del niño de relacionarse con su entorno? ¿Qué pautas pueden darnos los educadores para cumplir con nuestro cometido como padres del mejor modo posible? Aquí van algunas pistas para aproximarnos a este concepto.

James W. Varder, experto en psicología social, define la socialización como “el proceso por el cual los individuos, en su interacción con otros, desarrollan las maneras de pensar, sentir y actuar que son esenciales para su participación eficaz en la sociedad”. La idea clave es que la socialización es el proceso por el que el ser que nace con unas capacidades, unas características biológicas y psicológicas individuales y diferenciadoras, se desarrolla y convierte en un ser social.

De este modo, a través de la educación, poco a poco damos forma a esos seres sociales que somos, precisamente a través de la interacción con los demás. Y, en este sentido, los padres son la primera y más importante figura de la infancia. La socialización dura toda la vida, pero es en esta etapa temprana en la que la familia ejerce una mayor influencia, sentando los pilares de todo el proceso que vendrá después. Y es que, a nuestro paso, nos iremos encontrando con nuevas comunidades o grupos en los que integrarnos, adquiriendo creencias, actitudes, costumbres, roles y valores propios de una cultura o de un grupo social, así como conocimientos e información.

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Una de las cuestiones que implica la socialización es que el hecho de pertenecer a un grupo –por ejemplo, la propia familia- normalmente implica aceptar y cumplir ciertas reglas o normas sociales. No hablamos sólo de límites –que también-, sino de todo el espectro de circunstancias que rodean a ese núcleo.

Por otro lado, en la familia es fundamental la conducta de apego, que tiene una importante función en la supervivencia, porque asegura la proximidad y la protección de los padres a los hijos durante un período prolongado de tiempo en que la debilidad del nuevo ser requiere de la asistencia directa y continuada de los adultos.

Así, el papel fundamental de los padres consiste en asegurar la supervivencia de los hijos y también su integración sociocultural. La familia constituye en sí misma un contexto sociocultural a través del cual llegan a los niños muchas de las actividades y elementos que son característicos de esa cultura, logrando así que la mente infantil se llene de contenidos, normas y reglas de convivencia que le permita desarrollarse como ser social.

¿Cuáles son las funciones socializadoras de la familia?

  1. El desarrollo emocional y de la autoestima. La familia es el escenario donde el sujeto se construye como persona adulta con una determinada autoestima y un sentido de sí mismo, que le proporciona un cierto nivel de bienestar psicológico para enfrentarse a la vida cotidiana, a los conflictos y situaciones estresantes. Ese bienestar está relacionado con la calidad de las relaciones de apego que las personas adultas han tenido en su niñez. Por eso, es a través de la familia desde donde se empieza a formar la idea que el individuo tiene de sí mismo (autoconcepto) y la valoración de uno mismo que resulta de dicha idea (autoestima). Así, se define la autoestima como la satisfacción personal del individuo consigo mismo, la eficacia de su propio funcionamiento y una actitud evaluativa de aprobación que siente hacia sí mismo.
  2. La maduración psicológica y el desarrollo de la personalidad. Estos son elementos considerados como herramientas básicas para la vida futura, donde el niño deberá afrontar retos, así como asumir responsabilidades y compromisos que orientan a los adultos hacia una vida fructífera, plena de realizaciones y proyectos e integrada en el medio social.
  3. La transmisión de valores y de la cultura. Estos aspectos hacen de puente entre el pasado (la generación de los abuelos y anteriores) y el futuro (la nueva generación: los hijos). Los principales elementos de enlace entre las tres generaciones (abuelos, padres e hijos) son, por una parte, el afecto y, por otra, los valores que rigen la vida de los miembros de la familia y sirven de inspiración y guía para sus acciones.
  4. El apoyo emocional. Se trata de un elemento vital para enfrentar diversas vicisitudes por las que pasa el ser humano. La familia puede ser un “seguro existencial” que permanece siempre a mano y un elemento de apoyo ante las dificultades surgidas tanto fuera de la familia como dentro de ella.
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