El Blog de Nanos

Mi hijo ha suspendido en el cole… ¿Debo castigarle?

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suspendido-castigarEs una de esas preguntas sin respuesta absolutamente acertada: por mucho que se hable sobre ello, en educación no hay reglas absolutas (o muy pocas), a lo que se suma que cada niño es un mundo y que el esfuerzo y las circunstancias particulares de cada uno de ellos crea matices que particularizan cada supuesto. Por eso siempre tendremos la duda de si es bueno o malo castigar a los peques de la casa en caso de que traigan ‘calabazas’ a casa al finalizar el curso. Más que castigar (en Nanos no nos gusta esa palabra), mejor hablaremos de consecuencias.

Hace muy poco el diario El País llevó a cabo un exhaustivo análisis sobre cómo consideran los expertos que debe afrontarse esta situación. El punto de partida es casi universal: disgusto familiar y enfado automático, aunque también pesa impedir que el niño disfrute del descanso veraniego. ¿Cómo actuar?

1. Enfadarse sirve de poco

Uno de los expertos consultados por el rotativo, Valentín Martínez-Otero –doctor en Psicología y Pedagogía y profesor de la Facultad de Educación de la Universidad Complutense de Madrid-, asegura que montar en cólera puede resultar contraproducente y generar sentimientos de rebeldía, sobre todo a ciertas edades, pero tampoco conviene mirar hacia otro lado. Como en cualquier otra situación educativa a la que nos enfrentemos, conviene interesarse por los motivos y escuchar al niño: los padres de estilo democrático –frente a los de patrón autoritario y los indiferentes- suelen lograr de sus hijos un mayor rendimiento escolar. ¿Por qué? Probablemente porque son capaces de transmitir a los pequeños por qué es importante que estudien, y por qué es un fracaso para todos que no obtengan los resultados deseados.

2. Lograr que se responsabilicen de su suspenso

Cada caso es un mundo: en ocasiones el niño puede haber pasado por situaciones que permitan justificar sus malas notas, y no deja de ser cierto que existen etapas del crecimiento más problemáticas. También se nos puede atragantar alguna asignatura que no se nos dé muy bien… Pero, en cualquier caso, debemos tener claro que el objetivo es superar ese nivel de exigencia mínimo que es el aprobado. Por ello es importante lograr que el niño sea honesto con nosotros –y, sobre todo, consigo mismo- y reconozca si su nivel de esfuerzo podría haberse superado, si le dedicó todas las horas que debería, si de verdad ese profesor le tiene tanta manía… En definitiva, es importante que el pequeño aprenda a responsabilizarse de sus actos. Sólo cuando se entienden e interiorizan las causas se puede poner remedio de cara al futuro.

3. Más que castigo, consecuencias

Más que hablar de castigo, tal vez sea mejor plantear las cosas de otro modo y referirnos a ‘consecuencias’. ¿Por qué? Los expertos consideran que este concepto se adapta mejor a lo que ocurre en la vida misma: cuando hacemos las cosas mal, el resultado es malo y, por ello, lo normal es que se nos cierren (nos cerremos a nosotros mismos) ciertas puertas que de otro modo estarían abiertas. Lo mismo se aplica a los pequeños. No haber superado un examen supone que habrá que superarlo en otro momento y estudiar para ello. También implica que no hemos hecho un uso responsable de nuestra libertad y que, por tanto, tal vez toque limitarla un poco hasta que se recupere la confianza perdida y se obtenga un resultado positivo.

4. Evitar comentarios agoreros

No conviene ponerse tremendistas y hablar de cómo el pequeño va a acabar siendo ‘un donnadie’ por no haber logrado buenos resultados en sus estudios. También hay que huir de cualquier forma de insulto o de tratamiento peyorativo: todo ello es contraproducente. El niño debe sentir que se trata de un problema de falta de fuerza de voluntad propia, nunca de capacidad: con esfuerzo, las asignaturas más complicadas y las que menos nos gusten pueden superarse. Déjale claro que un suspenso no es el fin del mundo y que cualquier situación negativa puede y debe superarse con esfuerzo. Más que detenerse en el problema, trata de darle solución lo antes posible.

5. Un poco de ‘mea culpa’…

Tal vez toque recapacitar y pensar en si, como padres, hemos estado todo lo pendientes que deberíamos del pequeño. No hay que olvidar que la constancia –en el estudio y en cualquier tarea- es clave, y si no hemos conseguido inculcar ese valor a nuestros hijos –por falta de tiempo, por ejemplo-, quizás seamos parte del problema. ¡No pasa nada! Las vacaciones pueden ser un buen momento para corregir este error. Podemos marcarnos un horario de estudio con nuestro hijo y prestarle nuestro apoyo, introduciéndole la rutina del estudio como pauta para que la interiorice y la asuma como norma. Así ese pequeño ‘castigo’ se convertirá en una ocasión para pasar tiempo juntos y superar ese pequeño bache mientras reforzáis vuestros lazos.

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