El Blog de Nanos

10 claves para usar (bien) los elogios con tus hijos

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elogios y cumplidos 7

Elogiar un trabajo bien hecho siempre es bien recibido. ¿A quién no le gusta oir un buen piropo? Nuestro ego se alimenta, nos sentimos satisfechos y, sin duda, disfrutamos de ese momento de autorrealización y halago. Sin embargo, la forma en que los utilizamos es muy importante: si esta herramienta de educación es mal empleada, podemos acabar por crear seres autocomplacientes y, lo que es peor, incapaces de superarse a sí mismos. ¿Quieres saber por qué? Hoy te lo explicamos en El Blog de Nanos

La clave está en evitar el exceso de protección y el constante piropo. Y hay pruebas de que ese exceso se convierte en contraproducente: una de ellas es un experimento realizado en Estados Unidos. Se desafiaba en él a más de 400 niños de quinto grado escolar a resolver una serie de rompecabezas relativamente fáciles. Cuando finalizaban las pruebas, algunos eran elogiados por su inteligencia, mientras que otros por su esfuerzo.

En la segunda ronda (bastante más complicada que la primera) los alumnos podían elegir entre un nuevo desafío parecido o diferente al anterior. La mayoría de los niños elogiados como “inteligentes” eligieron un desafío similar. En cambio, la mayoría de los que fueron elogiados por su “esfuerzo” prefirieron hacer algo diferente.

¿Por qué? Tal vez porque la base del comportamiento humano es la búsqueda del placer, evitando en la medida de lo posible el dolor. De este modo, evitando tareas complicadas o que se nos den mal, evitamos también el malestar que genera el fracaso. Por eso es habitual que los niños -y muchas veces los adultos- dediquen toda su energía a aquellas actividades que dominan con facilidad para obtener así su ansiado reconocimiento.

Elogiar el proceso, no la persona

Por eso es tan importante elogiar el proceso, y no a la persona; el esfuerzo, y no el resultado. De este modo ayudaremos a los pequeños a superarse constantemente y a querer más y más. Si, por ejemplo, le decimos al niño que se le da muy bien atarse los zapatos, probablemente repetirá esta acción cada día pero evitará asumir otras que no se le den tan bien, como abotonarse la camisa. Si, al contrario, elogiamos su esfuerzo a la hora de aprender a hacerlo, probablemente querrá asumir retos cada vez mayores.

Parte de la base de que los niños siempre buscan la aprobación de los adultos, especialmente de sus padres, y que esos premios a sus acciones son un combustible muy eficaz para su crecimiento personal. Ningún niño quiere desilusionar a sus padres: por eso es importante que sepan que no importa el resultado de la acción, sino el cuidado y la responsabilidad que pongan en el proceso. Ser listo o ser alto no son cualidades que requieran un trabajo propio: son precisamente los rasgos de la personalidad los que hay que moldear y alabar.

Capacidad de cambio

También es clave inculcar en los pequeños que su capacidad de cambio y de mejora existe, y que las cualidades que les definen no son estancas ni imposibles de moldear. Hay quien cree que nace con unas determinadas características que no podrán cambiar: por mucho que estudien no serán más listos, por mucho que pinten no serán más creativos… limitándose a aquello que se les da bien y cerrando la puerta al resto de opciones. Otros, sin embargo, creen en una mentalidad en crecimiento, lo que implica que su cerebro puede ejercitarse del mismo modo que se ejercita un músculo, creciendo gracias al esfuerzo y la dedicación.

Intenta por todos los medios que tu vida y la de tus hijos se guíen por el segundo caso: se trata de la forma óptima de crecer y hacer que crezcan como pequeñas grandes personitas.

10 formas de alabar

Siguiendo estos consejos, desde La voz del muro nos llegan estas 10 formas de elogiar que nos han parecido geniales:

    1. “¡Mmmm!”, “Vaya, vaya, vaya”, ¡Ohhhh!, ¡Guau! + Sonreír y asentir: Cuando no sabemos qué decir, es mejor esto que un elogio. Son formas de mostrar satisfacción, sorpresa e interés por lo que el niño nos está enseñando. Obviamente, debemos esperar o preguntarle para que nos cuente más cosas acerca del proceso para concretar apreciaciones sobre su esfuerzo.
    2. “¡Vaya! ¿Qué has hecho? Cuéntame”: La pregunta, es una fórmula magnífica, el menor estará encantado de darnos más detalles.
    3. “Te has esforzado mucho para hacer esto, ¿verdad? ¿Estás orgulloso?”: En vez de centrarnos en el resultado (si es bonito o no) nos centramos en el esfuerzo y fomentamos la motivación interna del niño.
    4. “Se te ve muy contento, ¿estás feliz de haber conseguido hacer esto?”: Ya sea pintar un dibujo, atarse los cordones, recoger el cuarto, no ensalzamos “lo bien que pinta, lo ordenado que es, o su habilidad”, sino su sensación de logro y en su auto-motivación.
    5. “Veo que has…”: Simplemente describimos lo que ha hecho, estamos reconociendo su trabajo pero de una manera neutral, sin caer en alabanzas.
    6. “¡Lo has conseguido!”: La efusividad por su éxito está justificada cuando somos conscientes del gran esfuerzo que le ha supuesto.
    7. “¡Fíjate! ¡Antes no podías hacer esto y ahora sí!”: De esta forma nos enfocamos en su capacidad para aprender y establecemos una relación entre la dedicación y el resultado, algo que le ayudará a no frustrarse cuando inicie nuevas actividades.
    8. “¡Gracias! Me gusta que hayas hecho esto para mí”: Cuando el niño ha hecho algo para regalárnoslo, por supuesto hay que agradecérselo, pero no por ello hay que alabar. Piensa en un adulto: cuando recibes un regalo de un cliente, te muestras agradecido pero no te opones a ensalzar su generosidad, lo bueno que es porque te ha dado algo material, o su suerte por poder permitirse esos gestos.
    9. “¡Esto no lo habías hecho nunca! ¿Cómo has aprendido?”: Mostrando sorpresa hacia una acción autodidacta, fomentamos su proceso de aprendizaje.
    10. “Me gusta lo que has hecho, ¿podrías enseñarme a hacerlo?”: Con esta reacción, una de mis preferidas, le estamos enviando al niño el mensaje de que su trabajo nos gusta tanto que deseamos aprender de él, y que él tiene la capacidad necesaria para enseñarnos.

 ¿Qué te ha parecido este post? ¿Cómo elogias tú a tus hijos? ¡Queremos saber tu opinión!

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