El Blog de Nanos

Llevar a los niños al zoo: ¿sí o no?

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Llevar a tus hijos al zoológico es siempre una experiencia instructiva, divertida y perfecta para poner a los niños en contacto con la naturaleza. En un mundo cada vez menos conectado con lo natural, donde los pequeños saben muy poco sobre la variedad de animales que existen, resulta positivo que conozcan de cerca las maravillas que pueden encontrar fuera de ese hábitat de hormigón que hemos creado para nuestro día a día. Pero también existen ciertos interrogantes éticos a los que dar respuesta. A muchos papás y mamás les disgusta el hecho de que los animales de zoológicos vivan en condiciones de cautiverio y, por tanto, de nula libertad. Otros consideran que sus condiciones de vida no son malas y que no hace daño recurrir a esta vía para enseñar a los pequeños. En Nanos queremos abrir este debate y conocer qué opinan nuestros padres y madres Nanos sobre este caso. Llevar a los niños al zoo: ¿sí o no?

De un lado, es muy positivo despertar en nuestros hijos el amor por la naturaleza. Es una verdadera responsabilidad que tenemos como padres. Es importante que los niños crezcan sabiendo que es necesario proteger el medio ambiente y que la Tierra es mucho más que lo que ven en el ámbito de sus ciudades. Para ello hay muchísimas fórmulas posibles: libros, excursiones, documentales, viajes… Y la visita al zoológico puede ser una de ellas.

La realidad es que los cuidados que reciben los animales en este tipo de espacios son, en general, adecuados a sus necesidades. Existen normativas de obligado cumplimiento y se intenta en la medida de lo posible recrear el hábitat del animal, aunque indudablemente las dimensiones de su ámbito de movimiento son muy limitadas. En definitiva, por muy cuidado que esté el animal, lo cierto es que se encuentra lejos de su hábitat natural y literalmente encerrado en un espacio del que no podrá salir durante su vida. Eso sí se ha avanzado mucho en lo que a medidas de confort se refiere. Lejos estamos de los tiempos de las “casas de fieras”, en las que cada especie vivía en una diminuta jaula sin posibilidad de moverse.

En cualquier caso, hay otras formas de acercar a los pequeños el mundo de la naturaleza y de mostrársela de una forma más real, auténtica, realista y “en directo”. Aprovechar el fin de semana para dar un paseo por una zona natural, estudiar la flora y la fauna de la zona para luego salir a identificarla, crear proyectos caseros en los que cultivar plantas, ‘reforestar’ la terraza o el jardín… También existen parques naturales en los que ver a los animales en condiciones de semilibertad, como el  Parque de Cabárceno en Cantabria -que hay que recorrer en vehículo para poder ver a sus elefantes africanos  o sus osos pardos-, o los Bioparc de Fuengirola o Valencia.

La sensación en estos centro es justo la contraria a la de un zoo: son los niños los que van a visitar la ‘casa’ de los animales, aprendiendo además cómo son en realidad -o casi- las condiciones de vida de cada especie.

¿Y tú, qué opinas? ¿Llevarías a tus hijos al zoo o prefieres otro tipo de actividades?
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