El Blog de Nanos


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Niños, pantallas y era digital: ¿Cuál es el límite saludable?

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La llegada de las nuevas tecnologías de la era digital y la aparición de infinidad de dispositivos para llevarla en el bolsillo todo el día se ha convertido en uno de esos temas de debate que ocupan a los padres día sí día también. ¿Por qué? Quizás porque nuestros hijos crecen inevitablemente en un entorno mucho más conectado virtualmente de lo que fue el nuestro, y ello les obliga a pasar por situaciones que en nuestros tiempos eran inimaginables. Todo puede captarse con las cámaras móviles, los adolescentes se ‘wasapean’ constantemente, los vídeos recogen su realidad cada día… Sus vidas pueden convertirse en un constante ‘selfie’, con todo lo que ello implica (y que aún desconocemos) de cara al desarrollo de su personalidad. Las redes sociales y los nuevos dispositivos minimizan su intimidad y les exponen como nunca al escrutinio de los demás.

Sin ir tan lejos, la propia exposición de nuestros hijos a tanta pantalla durante largas horas cada día supone, como poco, un cambio de paradigma enorme con respecto a lo que acontecía en nuestra infancia, cuando las horas de televisión estaban mucho más acotadas y este aparato era prácticamente el único que podía distraernos. Por eso, los expertos se rompen la cabeza para analizar qué consecuencias tiene para nuestros hijos la exposición ante las distintas pantallas y cuánto tiempo deben usarlas al día.

Hoy en El Blog de Nanos recogemos lo que sobre ello ha comentado Dimitri Christakis para El Mundo. Se trata de uno de los mayores estudiosos del mundo en esta materia, y lo hace por partida triple: como pediatra, como profesor y como padre de dos niños.

Reducir el consumo de televisión

Christakis, director del Centro de Salud, Comportamiento y Desarrollo Infantil del Children Seattle Hospital (uno de los más prestigiosos del mundo) lleva años colaborando en numerosos estudios junto a la Academia Americana de Pediatría en los que se recomienda la reducción al máximo del consumo de televisión en niños menores de dos años. ¿El motivo? Asegura que durante ese primer periodo el cerebro de los niños está en pleno desarrollo, multiplicando por tres su tamaño. Según Christakis, la exposición al vertiginoso ritmo que le ofrecen las pantallas les producirá una sensación de “lentitud” cuando se enfrenten al mundo real -que no gira a la misma velocidad que la televisión- y en muchos casos les creará problemas de aprendizaje y de déficit de atención.

Más allá de la clásica televisión, la llegada de las pantallas táctiles supone un nuevo caso de estudio, y ello partiendo de la base de que, para el investigador, tabletas y smartphones cuentan con una gran diferencia respecto al televisor: la interactividad. Así, mientras que el televisor es para el niño una experiencia pasiva, en las ‘touch screens’ se produce un interesante efecto de “lo he hecho yo”. Según sus primeros estudios, todo parece indicar que esa capacidad de interactuar tendrá efectos diferentes sobre el desarrollo y la cognición del cerebro infantil.

Eso sí, esto no quiere decir que su uso deba ser ilimitado. La Academia Americana de Pediatría cuantifica el tiempo de ocio de calidad de los niños delante de las diferentes pantallas: media hora diaria para menores de 3 años, una hora para los niños entre 3 y 5, y dos como máximo para los chavales de entre 6 y 18 años.

Christakis va más allá y se atreve a añadir que, además de este “tiempo de conexión”, es importante atender al tiempo diario de nuestros hijos apartados de todas las pantallas. Es claro y concreto: al menos dos horas diarias de completa desconexión entre niño y dispositivo.


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10 claves para usar (bien) los elogios con tus hijos

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Elogiar un trabajo bien hecho siempre es bien recibido. ¿A quién no le gusta oir un buen piropo? Nuestro ego se alimenta, nos sentimos satisfechos y, sin duda, disfrutamos de ese momento de autorrealización y halago. Sin embargo, la forma en que los utilizamos es muy importante: si esta herramienta de educación es mal empleada, podemos acabar por crear seres autocomplacientes y, lo que es peor, incapaces de superarse a sí mismos. ¿Quieres saber por qué? Hoy te lo explicamos en El Blog de Nanos

La clave está en evitar el exceso de protección y el constante piropo. Y hay pruebas de que ese exceso se convierte en contraproducente: una de ellas es un experimento realizado en Estados Unidos. Se desafiaba en él a más de 400 niños de quinto grado escolar a resolver una serie de rompecabezas relativamente fáciles. Cuando finalizaban las pruebas, algunos eran elogiados por su inteligencia, mientras que otros por su esfuerzo.

En la segunda ronda (bastante más complicada que la primera) los alumnos podían elegir entre un nuevo desafío parecido o diferente al anterior. La mayoría de los niños elogiados como “inteligentes” eligieron un desafío similar. En cambio, la mayoría de los que fueron elogiados por su “esfuerzo” prefirieron hacer algo diferente.

¿Por qué? Tal vez porque la base del comportamiento humano es la búsqueda del placer, evitando en la medida de lo posible el dolor. De este modo, evitando tareas complicadas o que se nos den mal, evitamos también el malestar que genera el fracaso. Por eso es habitual que los niños -y muchas veces los adultos- dediquen toda su energía a aquellas actividades que dominan con facilidad para obtener así su ansiado reconocimiento.

Elogiar el proceso, no la persona

Por eso es tan importante elogiar el proceso, y no a la persona; el esfuerzo, y no el resultado. De este modo ayudaremos a los pequeños a superarse constantemente y a querer más y más. Si, por ejemplo, le decimos al niño que se le da muy bien atarse los zapatos, probablemente repetirá esta acción cada día pero evitará asumir otras que no se le den tan bien, como abotonarse la camisa. Si, al contrario, elogiamos su esfuerzo a la hora de aprender a hacerlo, probablemente querrá asumir retos cada vez mayores.

Parte de la base de que los niños siempre buscan la aprobación de los adultos, especialmente de sus padres, y que esos premios a sus acciones son un combustible muy eficaz para su crecimiento personal. Ningún niño quiere desilusionar a sus padres: por eso es importante que sepan que no importa el resultado de la acción, sino el cuidado y la responsabilidad que pongan en el proceso. Ser listo o ser alto no son cualidades que requieran un trabajo propio: son precisamente los rasgos de la personalidad los que hay que moldear y alabar.

Capacidad de cambio

También es clave inculcar en los pequeños que su capacidad de cambio y de mejora existe, y que las cualidades que les definen no son estancas ni imposibles de moldear. Hay quien cree que nace con unas determinadas características que no podrán cambiar: por mucho que estudien no serán más listos, por mucho que pinten no serán más creativos… limitándose a aquello que se les da bien y cerrando la puerta al resto de opciones. Otros, sin embargo, creen en una mentalidad en crecimiento, lo que implica que su cerebro puede ejercitarse del mismo modo que se ejercita un músculo, creciendo gracias al esfuerzo y la dedicación.

Intenta por todos los medios que tu vida y la de tus hijos se guíen por el segundo caso: se trata de la forma óptima de crecer y hacer que crezcan como pequeñas grandes personitas.

10 formas de alabar

Siguiendo estos consejos, desde La voz del muro nos llegan estas 10 formas de elogiar que nos han parecido geniales:

    1. “¡Mmmm!”, “Vaya, vaya, vaya”, ¡Ohhhh!, ¡Guau! + Sonreír y asentir: Cuando no sabemos qué decir, es mejor esto que un elogio. Son formas de mostrar satisfacción, sorpresa e interés por lo que el niño nos está enseñando. Obviamente, debemos esperar o preguntarle para que nos cuente más cosas acerca del proceso para concretar apreciaciones sobre su esfuerzo.
    2. “¡Vaya! ¿Qué has hecho? Cuéntame”: La pregunta, es una fórmula magnífica, el menor estará encantado de darnos más detalles.
    3. “Te has esforzado mucho para hacer esto, ¿verdad? ¿Estás orgulloso?”: En vez de centrarnos en el resultado (si es bonito o no) nos centramos en el esfuerzo y fomentamos la motivación interna del niño.
    4. “Se te ve muy contento, ¿estás feliz de haber conseguido hacer esto?”: Ya sea pintar un dibujo, atarse los cordones, recoger el cuarto, no ensalzamos “lo bien que pinta, lo ordenado que es, o su habilidad”, sino su sensación de logro y en su auto-motivación.
    5. “Veo que has…”: Simplemente describimos lo que ha hecho, estamos reconociendo su trabajo pero de una manera neutral, sin caer en alabanzas.
    6. “¡Lo has conseguido!”: La efusividad por su éxito está justificada cuando somos conscientes del gran esfuerzo que le ha supuesto.
    7. “¡Fíjate! ¡Antes no podías hacer esto y ahora sí!”: De esta forma nos enfocamos en su capacidad para aprender y establecemos una relación entre la dedicación y el resultado, algo que le ayudará a no frustrarse cuando inicie nuevas actividades.
    8. “¡Gracias! Me gusta que hayas hecho esto para mí”: Cuando el niño ha hecho algo para regalárnoslo, por supuesto hay que agradecérselo, pero no por ello hay que alabar. Piensa en un adulto: cuando recibes un regalo de un cliente, te muestras agradecido pero no te opones a ensalzar su generosidad, lo bueno que es porque te ha dado algo material, o su suerte por poder permitirse esos gestos.
    9. “¡Esto no lo habías hecho nunca! ¿Cómo has aprendido?”: Mostrando sorpresa hacia una acción autodidacta, fomentamos su proceso de aprendizaje.
    10. “Me gusta lo que has hecho, ¿podrías enseñarme a hacerlo?”: Con esta reacción, una de mis preferidas, le estamos enviando al niño el mensaje de que su trabajo nos gusta tanto que deseamos aprender de él, y que él tiene la capacidad necesaria para enseñarnos.

 ¿Qué te ha parecido este post? ¿Cómo elogias tú a tus hijos? ¡Queremos saber tu opinión!


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¿Por qué son importantes los centros infantiles?

581719_646018905410243_605908397_nSi has llegado hasta aquí es porque probablemente ya conoces la labor de los centros infantiles Nanos, pero nunca está de más recordar todas las razones por las que resulta más que beneficioso que tus hijos vivan esa primera etapa de crecimiento rodeado de otros niños de su edad y de los mejores profesionales a su servicio. En Nanos trabajamos para que los peques de tu casa aprendan jugando, disfrutando con sus amiguitos y, en definitiva, dando todos los pasos apropiados para que su desarrollo sea integral, completo y ¡de lo más divertido!

¿Quieres saber por qué los centros infantiles son tan importantes?

En general, la labor de los centros de educación infantil de primer ciclo (de 0 a 3 años) cumplen una labor importantísima, y es importante resaltar que no se trata de simples guarderías: en un centro infantil no sólo se trata de cuidar a tu hijo, sino de formarle y ayudar a su desarrollo, trabajando con ellos de forma personalizada día tras día.

¿Cómo? Desarrollando un programa de actividades adecuadas para su edad planificando unos contenidos y objetivos, integrando el desarrollo de todos los tipos de inteligencia y, sobre todo, poniendo todos los sentidos atentos a las necesidades de los niños teniendo en cuenta los rasgos que definen a cada uno de ellos.

En los centros infantiles también se enseñan hábitos, rutinas y normas de convivencia con las que, poco a poco, introducirles la idea de afrontar los retos del día a día de forma más independiente: aprenden a comer de forma autónoma, a ponerse el abrigo, a permanecer sentados esperando su turno, a compartir con otros niños,  a hacer fila, a recoger juguetes, a ordenar, a identificar sus propias características con las de los demás, a pensar por ellos mismos, a darse cuenta de sus errores, a crecer como personas…

Por eso, más allá de la necesidad de encontrar un lugar en el que cuiden de tus hijos durante tu jornada laboral, un centro infantil cumple muchísimas más funciones. También socializadora, ya que los niños se relacionan con otros niños de su misma edad y con sus mismas características, lo que sin duda les ayuda a crecer de forma conjunta y a divertirse en el proceso. Y es que el juego es, para Nanos, la clave del aprendizaje: el juego es experimentación, vivencia, experiencia y contacto con la vida. No hace falta ponerse serios para enseñar las cosas. De hecho, está demostrado que aquellas lecciones que se aprenden jugando y en un ambiente de autoconfianza y buen humor son para siempre. Además, el juego refuerza su autoestima y puede llevarles a desarrollar su creatividad y su personalidad de forma mucho más intensa.

Desde Nanos hacemos hincapié en que los centros infantiles son muy importantes en el desarrollo de cualquier niño y queremos conocer vuestra experiencia con nosotros. ¡Nos encantará recibir un piropo tuyo! ¿Por qué recomendarías tu centro infantil Nanos? ¿Qué te parece su personal?

¡Estamos encantados de formar niños Nanos de lo más especiales!


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¿Cómo es tu bebé al cumplir su primer año?

primer-ano-bebeTodos los cumpleaños son importantes pero, sin duda, el primer aniversario de nuestro hijo será el que recordemos con más cariño, aunque probablemente él no se acuerde de lo especial que fue ese día para sus papás. Después de un año en el mundo -un año que, para la mayoría, se pasa volando- toca hacer balance y pensar en todos los cambios que ha experimentado tu vida y la de tu hijo: el crecimiento en esta etapa es rapidísimo, y también el desarrollo de sus capacidades y de su nivel de interacción con su entorno y con las personas que le rodean. Por eso, hoy en El Blog de Nanos repasamos en qué punto se encuentran los pequeños cuando llegan a este punto de su vida: cómo sienten, cómo perciben… ¡Cómo funcionan sus cabecitas!

A pesar de que aún son bebés muy pequeños, lo cierto es que el crecimiento que experimentan durante ese primer año de vida es enorme. En este tiempo ha aprendido a hacer un montón de cosas solas y ha tomado conciencia de sí mismos. ¿Cómo lo sabemos? Pues por gestos como gatear sorteando los baches del camino, por sus primeros intentos de ponerse en pie apoyándose en los objetos que le rodean… El pequeño conoce sus dimensiones y su cuerpo, y lo pone constantemente a prueba, aprendiendo a manejarse en él y a través de él para relacionarse con su entorno.

Además, es en esta etapa en la que comienza a generarse su autoestima, basada en sus logros y en la valoración que sus padres le transmitan. El pequeño reconoce los gestos de sus padres y es capaz de sentir tristeza cuando percibe poca atención o enfado por parte de quienes le rodean, o al contrario, alegría cuando se le hacen carantoñas y cuando se siente querido y mimado. Por eso, los expertos recomiendan paciencia en nuestras formas: es probable que el niño no entienda aun el motivo de nuestro enfado, por lo que es preferible regañarle dulcemente. Ten en cuenta que la comunicación no verbal es muy poderosa: una mirada, una sonrisa… y todo lo contrario, pueden decir mucho sobre tu estado de ánimo y sobre cómo percibes a tu hijo.

En esta fase, el pequeño comienza a sentir emociones como la vergüenza (disgusto debido a un pequeño fracaso) o el orgullo (alegría ante un logro), porque sabe que los demás piensan algo de él, ya sea bueno o malo. Esa percepción externa de sí mismo es nueva y le lleva a adoptar distintas actitudes ante ella.

Por otro lado, en esta etapa el juego comienza a ser importante: intenta favorecer su autonomía con actividades que den rienda suelta a su creatividad, y ten en cuenta que es importante la construcción de su autoestima, de su autonomía y su felicidad. Con esta edad, los pequeños se entretienen especialmente con aquellos juegos que requieren de mucha actividad, ya que comienzan a desarrollarse sus músculos más grandes. Puede que dedique de 2 a 5 minutos a juegos de concentración, pero no serán sus predilectos. El niño descubre que tiene fuerza propia, y esa es su prioridad.

Por último, con ese primer año de vida tal vez tu hijo ya haya pronunciado sus primeras palabras mágicas, como ‘mamá’ o ‘papá’. Con un año, el bebé ya habla un lenguaje que suena como si fuera un idioma extranjero y que tal vez únicamente sus padres comprenden, aunque puede pronunciar con claridad algunas palabras sencillas y responde correctamente a preguntas simples.

En definitiva, se trata de una etapa maravillosa en la que el desarrollo del niño se encuentra en plena ebullición. ¿Nos cuentas tu experiencia? ¿Cuáles son los mejores recuerdos de esta etapa?


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Jugar con la comida trae muchos beneficios para tus hijos

Comidas-hijos-jugarSi eres de esos padres que no dejan a sus hijos jugar con la comida, tal vez nuestro post de hoy te haga replantearte la situación. Hoy en El Blog de Nanos hablamos sobre alimentación y, más concretamente, cómo jugar con los alimentos y manipularlos es otra de las formas en que éstos pueden ser beneficiosos para tus hijos. ¿Sorprendido?

Según un estudio de la Universidad de Iowa, los bebés que juegan con alimentos inconsistentes adquieren un mayor gusto por la exploración y aprenden primer sus primeras palabras. El lugar también importa: al parecer cuando experimentan sentados en una trona, el efecto se multiplica. ¿Conclusión? Deja a tus hijos que manoseen y se embadurnen de alimentos de vez en cuando… y aprovecha para disfrutar con ellos de un ratito en el que las reglas se relativicen.

Existe mucha literatura sobre cómo los bebés aprenden con más facilidad cuando juegan con objetos sólidos -su forma inalterable facilita su identificación-. Sin embargo, parece que los bebés también reconocen los objetos en estado líquido y logran diferenciar la leche del pegamento, por ejemplo.

De hecho, el estudio de la Universidad de Iowa demuestra cómo al exponer a un grupo de bebés a este tipo de alimentos y animarles a jugar con ellos, en una segunda etapa fueron capaces de identificarlos y nombrarlos a través del sonido que les había sido asignado.

Los resultados mostraron que los niños que interactuaron más con los alimentos eran más hábiles a la hora de identificarlos por su textura y nombrarlos. Además, los niños que se sentaron en trona obtuvieron un mayor éxito que los que se sentaron en otros lugares, ya que allí los niños se sienten más predispuestos a experimentar.

Por eso los científicos recomiendan a los padres fomentar la exploración del bebé en cualquiera de sus entornos conocidos, incluido el momento de sentarse a la mesa: alimentos como el puré, el zumo, un puñado de harina o una fruta aportan información clave para estimular su desarrollo cognitivo.

¿Cómo puedes hacerlo? Sienta a tu hijo en la trona y ofrécele diferentes texturas para que las manipule, las pruebe, las huela y juegue con ellas mientras se familiariza con cada uno de esos alimentos. De este modo estarás enseñándole a través de una técnica tan divertida y útil como es el juego. Es posible que se ponga perdido de arriba abajo pero ¿no crees que merece la pena?


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¿Conoces el mejor proyecto de 2015 para desarrollar la educación en todo el mundo?

mejor-proyecto-educacion-2015Las nuevas tecnologías pueden hacer mucho por el desarrollo de zonas en las que servicios básicos como la educación y la escolarización escasean. Por eso, proyectos como el que hace muy poco ha ganado el premio Hult Prize 2015 merecen una mención especial en El Blog de Nanos. Este año el premio ha recaído en el proyecto social presentado por el equipo de la Universidad Nacional de Chengchi, Taiwán. Su propuesta es una plataforma de microinversión que permite a cualquiera, en cualquier lugar, realizar inversiones de impacto directo en los negocios sostenibles de formación impulsados por educadores locales con talento, según explicaron en su presentación al galardón.

El proyecto consiste en generar una plataforma online que permita a cualquier persona alrededor del mundo conocer diversos proyectos de centros comunitarios infantiles que buscan ser desarrollados en países en vías de desarrollo. “Cualquier persona en el mundo puede seleccionar a personas y proyectos que les interese para invertir en hacerles una guardería”, explicó Andrés Escobar, uno de los responsables del proyecto, quien logró convencer a sus compañeros de realizar el piloto en El Salvador, de donde es originario. “Es una solución a largo plazo para reducir la violencia de nuestro país; todo comienza por la educación”, sostuvo Escobar. 

Es el resultado de un año de duro trabajo, no sin competencia detrás: los organizadores de este premio, con carácter anual, son nada menos que la Hult School of Business y el expresidente de los Estados Unidos, Bill Clinton (Clinton Global Iniciative). El fin es buscar y desarrollar modelos de negocios que sean sostenibles, reproducibles y con una finalidad social, y a él optaron alrededor de 200 mil estudiantes de MBA de todo el mundo.

El Hult Prize otorga 1 millón de dólares al equipo ganador para desarrollar su empresa social, en este caso el modelo de centros comunitarios infantiles que ha sido desarrollado por Escobar y su equipo. La competición final se llevó a cabo seleccionando sólo seis proyectos de todos los recibidos, y sus responsables tuvieron que presentarlo ante un jurado especializado, además de asistentes como Bill Clinton, quien entregó el premio. 

Un proyecto español, entre los finalistas

Entre los seis finalistas de este año se encontró también el equipo de la escuela de negocios española ESADE, formado por Anne Friedman, Paola Lozoya, Heron Mochny, Annika Rollmann y Bermet Zozulinskaya, cinco estudiantes de MBA procedentes de Estados Unidos, Indonesia, Alemania, México y Kirguistán. Optaban al galardón con su joven empresa We are SOMOS. El objetivo de su proyecto es formar y dar apoyo a los padres de los barrios pobres de las ciudades para mejorar la educación de sus hijos a través de mensajes de texto en su teléfono móvil.

Se trata de un sistema de mensajes por suscripción en el que se busca empoderar a los niños con palabras. “Millones de niños y niñas inician las primeras etapas de su vidas en situación de desventaja porque no oyen suficientes palabras”, exponían en la presentación de poco más de siete minutos de su negocio. “Son mensajes cortos y simples. Por ejemplo, los textos para enseñar los colores serían: ‘El amarillo es como el Sol; el azul es como los océanos”, abundaba Bermet Zozulinskaya, de Kirguistán con amplia experiencia proyectos de desarrollo y fundadora de una ONG que lucha contra la pobreza en su país.


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¿Te comunicas bien con tus hijos? 4 consejos para hablar en positivo

comunicarte-hijos-familiaAunque nadie conoce mejor que nosotros a nuestros hijos, no siempre tenemos la empatía o las herramientas necesarias para acercarnos a ellos y lograr eso tan complicado en ciertas etapas del crecimiento: la comunicación. Por muy bien que nos llevemos con los peques de la casa, la búsqueda de su propia individualidad y su pertenencia a una generación distinta funcionan como cortapisas a esa relación de confianza, a lo que se suma, claro está, la no aceptación por parte de los padres de ciertas conductas que éstos podrían reprobar y castigar. Los padres son padres y los hijos son hijos, pero ¿es imposible salvar la distancia que los separa? Nosotros te recomendamos comenzar a alimentar esos vínculos desde muy pequeñitos, y para ello nada mejor que fomentar que te dirijas a ellos siempre ¡en positivo!

1. Evita las prohibiciones

Cuando los padres se centran en prohibir y en decir ‘no’ a determinadas conductas, el resultado es crear una especie de barrera imaginaria que llevará al pequeño a sentirse atrapado. Más que prohibir, conviene razonar y explicar al niño por qué no debe hacer ciertas cosas o, más bien, por qué debe hacerlas de otro modo. No siempre será fácil que lo entienda, pero a la larga dará resultado. De este modo, el niño sentirá que confiamos en él y en su capacidad de razonar el por qué de nuestros consejos.

2. Dale confianza

Al hilo de lo anterior, el pequeño debe notar que confiamos en él, es decir, que le consideramos un individuo capaz de tomar decisiones acertadas, por mucho que nosotros estemos ahí para moldear ciertas conductas y ‘encauzar’ aquellas que no sean convenientes para él. Esa confianza será devuelta con creces: tu hijo se sentirá valorado y seguro, más como un igual que en caso de que no le otorgue esa autonomía. Ello ayudará a que vuestros vínculos comunicativos sean más fuertes.

3. Refuerza su personalidad

Siempre es positivo resaltar las cosas buenas de nuestros hijos y hacérselas saber. ¿Y qué pasa con las malas? Hay formas suaves y cariñosas de hacer una crítica o de intentar modelar un rasgo, una conducta o una carencia, siempre comunicando en positivo y evitando palabras que puedan herirle y hundirle en un complejo. La clave de la autosuperación reside en la autoconfianza, y nada mejor para alimentarla que un entorno que tenga fe en esa capacidad de mejorar. Evita frases hechas del tipo “no te portes mal”, “no grites”, “no seas grosero”, “no seas agresivo”, “no llores”, etc.

4. Dile lo que quieres, no lo que no quieres

La diferencia, aunque no lo parezca, es abismal. No es lo mismo porque ser asertivo convierte la relación en una mucho más fluida, má amable, más constructiva… En definitiva, más fructífera, horizontal y grata para las dos partes. Lo que no queremos de nuestro hijo ni siquiera debería contemplarse… Más bien queremos que sepa cuál es el ejemplo a seguir, a qué rasgos debe aspirar, qué conductas le convierten en un buen hijo y en una buena persona. Es mucho mejor decir “ve más despacio” que “no vayas tan deprisa”.

¿Y tú? ¿Qué opinas? ¿Te han gustado estos consejos? ¿Cómo logras tú mejorar la comunicación con tus hijos?